Élder Hugo E. Martínez Setenta de Arfea
Durante el mes de abril he tenido la oportunidad de visitar en
varias ocasiones el cementerio de la ciudad de Provo. Para
algunas personas, el visitar un cementerio es algo que relacionan
con muerte, tristeza, el fin de la vida y con tragedias. Mi
experiencia reciente ha sido muy diferente.
He podido observar monumentos de familias ancladas en la
doctrina del evangelio de Jesucristo. Lo he visto en
numerosas lápidas con imágenes de templos de la
Iglesia con la doctrina de "Las familias son eternas" y los nombres
de sus hijos labradas en ellas. Como testamento a la vida, en
las mismas lápidas uno observa otras imágenes que
indican los intereses que en vida tuvieron los que allí
reposan: el símbolo del escutismo, instrumentos musicales,
fauna, flora y paisajes específicos, entre muchos. He
apreciado como los jardines del cementerio incluyen muchos pinos
que siempre están verdes y otros árboles que en esta
época del año también florecen, como
testamento a la continuidad y renovación constante de la
vida, respectivamente. He visto familias ir a enterrar a sus
seres queridos en reverencia y también he visto a muchas
familias volver a visitar a los que allí tienen enterrados,
con sus hijos pequeños que representan la nueva
generación que crece. He podido ver a personas que van
al cementerio a pasear o a hacer ejercicio por sus lindos
jardines. Incluso algunos de los monumentos son bancos de
mármol, que invitan a ellos a detenerse y reflexionar.
Por lo tanto, el espíritu del lugar es más uno de
vida y generaciones de familia, no tanto uno de tristeza y del fin
de la misma. El llanto apropiado allí está
comprendido en un mandamiento: "Viviréis juntos en amor, al
grado de que lloraréis por los que mueran..."
1. Hay algunos sentimientos especiales mejor expresados
por lágrimas que por palabras.
En última instancia, el cementerio me recuerda las
enseñanzas del Salvador del mundo, Jesucristo. Pablo
escribe, "Porque primeramente os he enseñado lo que asimismo
recibí: Que Cristo murió por nuestros pecados
conforme a las Escrituras; y que fue sepultado, y que
resucitó al tercer día, conforme a las Escrituras"
2. Jesucristo ejerció su rol central en el plan de
salvación: el de librarnos de la muerte espiritual por medio
de Su Expiación y el de librarnos de la muerte
física, siendo el primero en resucitar para brindarnos la
oportunidad de vivir para siempre. La muerte tiene su
límite, porque Cristo es vida, es decir, vida eterna.
Testifico que el evangelio de Jesucristo nos brinda la
oportunidad de poder celebrar la vida, aún ante la muerte y
separación temporera de nuestros seres queridos. El
evangelio nos da fortaleza y la oportunidad de recordarles en
nuestras vidas, con la fe y la esperanza de volverles a ver en las
mansiones celestiales que Él prepara para nuestras familias
y a las que podemos optar, por obediencia a los mayores convenios
que hacemos con Él en Sus templos. En nombre de
Jesucristo, Amén.
1 Doctrina y Convenios 42:45
2 I Corintios 15:3-4
|