Presidente Thomas S. Monson Presidente de la Iglesia de Jesucristo de los Santos de los Ultimos Dias
Hace casi sesenta años, cuando
era joven y prestaba servicio como obispo, murió una viuda
de mi barrio que se llamaba Kathleen McKee. Entre las posesiones
que dejó había tres canarios: dos, de perfecto color
amarillo, eran para regalar a sus amigas; pero en el otro, Billie,
el colorido estaba estropeado por plumas grises en las alas. La
hermana McKee me había dejado una nota que decía:
"¿Podrían usted y su familia tenerlo en su hogar? No
es el más bonito, pero sí el que canta mejor".
La misma hermana McKee se
parecía mucho a su canario amarillo con gris en las alas: no
había sido bendecida con belleza, ni dotada de donaire ni
honrada por una posteridad; sin embargo, su canto ayudaba a los
demás a sobrellevar mejor las cargas y tener más
capacidad para desempeñar sus tareas. El mundo está
lleno de canarios amarillos que tienen gris en las alas;
lástima que entre ellos sean tan escasos los que han
aprendido a cantar. Algunos son jóvenes que no saben
quiénes son ni lo que pueden o incluso quieren llegar a ser;
todo lo que desean es llegar a ser alguien. Otros están
abrumados por la edad, cargados de preocupación o llenos de
dudas, y llevan una vida que está muy por debajo de su
capacidad.
Para llevar una vida grandiosa, debemos
desarrollar la capacidad de enfrentarnos a las dificultades con
valor, a la desilusión con buen ánimo y al triunfo
con humildad. Se Los canarios que tienen gris en las alas
preguntarán: "¿Y cómo se logran esas metas?",
a lo que les respondo: "¡Logrando una perspectiva de
quiénes somos en realidad!" Somos hijos e hijas de un Dios
viviente, a cuya imagen fuimos creados. Piensen en ello:
creados a la imagen de Dios. No podemos tener esa
convicción sincera sin experimentar un profundo y nuevo
sentido de fuerza y poder. En nuestro mundo, parece que muchas
veces el carácter moral se pone en segundo lugar
después de la belleza o del encanto personal. Sin embargo,
el consejo que dio el Señor a Samuel largo tiempo
atrás todavía resuena como un eco: "Y Jehová
respondió a Samuel: No mires a su parecer ni a lo grande de
su estatura, porque yo lo desecho; porque Jehová no mira lo
que el hombre mira, pues el hombre mira lo que está delante
de sus ojos, pero Jehová mira el corazón" (1 Samuel
16:7).
Cuando el Salvador buscaba a un hombre
de fe, no lo eligió entre la multitud de los santurrones que
se encontraban regularmente en la sinagoga, sino que lo
llamó de entre un grupo de pescadores de Capernaúm.
El impetuoso, desconfiado e iletrado Simón llegó a
ser Pedro, el Apóstol de fe, un canario amarillo que
tenía gris en las alas y mereció la confianza total y
el imperecedero amor del Maestro.
Cuando el Salvador eligió un
misionero devoto y potente, no lo encontró entre sus adeptos
sino entre sus adversarios: Saulo, el perseguidor, se
convirtió en Pablo, el proselitista. Para enseñar el
camino hacia la perfección, el Redentor eligió a
personas imperfectas; lo hizo en aquel entonces y sigue
haciéndolo en la actualidad, incluso con canarios amarillos
con gris en las alas. Él nos ha llamado a ustedes y a
mí para servirlo aquí en la tierra. Nuestra
dedicación debe ser absoluta. Y si en la lucha que
afrontemos tropezamos, debemos suplicarle: "¡Guíanos,
oh, guíanos, gran Alfarero de mortales, para salir de las
tinieblas a la lucha otra vez!" 1.
Mi ruego es que podamos seguir el
ejemplo del Hombre de Galilea, a quien se le podía encontrar
entre los pobres, los perseguidos, los avasallados ylos afligidos,
y que, al hacerlo, surja de nuestro corazón un verdadero
canto. ◼
Nota
1. "Fight Song" ["Canto de lucha"],
Escuela Secundaria [Liceo] Yonkers.
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