| |
Thomas S. Monson Presidente de la Iglesia
En nuestro mundo de hoy, lo que más se hace destacar es
la juventud; todos quieren tener aspecto joven, sentirse
jóvenes y ser jóvenes. Por cierto que anualmente se
gastan enormes sumas de dinero en productos que la gente espera les
restaure una apariencia juvenil. Podemos muy bien preguntarnos si
esa búsqueda de juventud es algo nuevo de nuestros
días, de nuestra generación. Todo lo que tenemos que
hacer para hallar la respuesta es hojear las páginas de la
historia.
Siglos atrás, en la gran era de las exploraciones, se
enviaron expediciones bien equipadas y barcos con tripulaciones
confiadas y aventureras que se hicieron a la mar por derroteros
desconocidos en busca de la fuente de la juventud.
Las leyendas que corrían en aquel tiempo prometían
que en algún lugar de tierras remotas había una
fuente mágica que contenía la más pura de las
aguas, y que todo lo que uno tenía que hacer para recobrar
la vitalidad de la juventud y perpetuarla era beber abundantemente
de las aguas que emanaban de ese manantial.
Ponce de León, que navegó con Colón, hizo
viajes subsiguientes de exploración, buscándola en
las Bahamas y en otras
regiones del Caribe con toda su confianza puesta en la leyenda de
la existencia de ese elixir de la juventud. Pero sus esfuerzos,
igual que los de muchos otros, no dieron lugar a tal descubrimiento
porque, en el plan divino de nuestro Dios, entramos en la vida
terrenal para gustar de la juventud solamente una vez.
La fuente de la verdad
Aunque no existe ninguna fuente de la juventud a la que podamos
recurrir, hay otra fuente que contiene un agua más preciosa,
las aguas de la vida eterna: Es la fuente de la verdad.
El poeta captó el verdadero significado de la
búsqueda de la verdad cuando escribió estas
líneas inmortales: |
¿Qué es la verdad? Es el máximo
don
que podría mortal anhelar.
En abismos buscadla, en todo rincón,
o subid a los cielos buscando ese don;
es la mira más noble que hay ...
¿Qué es la verdad? Es principio y fin
y sin límites siempre será.
Aunque cielo y tierra dejaran de ser,
la verdad, la esencia de todo vivir,
Seguiría por siempre jamás 1. |
|
En mayo de 1833, en una revelación que dio por medio del
profeta José Smith en Kirtland, Ohio, el Señor
dijo:
"...la verdad es el conocimiento de las cosas como son, como eran y
como han de ser ...
"El Espíritu de verdad es de Dios... Él [
Jesús] recibió la plenitud de la verdad...
"y ningún hombre recibe la plenitud, a menos que guarde sus
mandamientos.
"El que guarda sus mandamientos recibe verdad y luz, hasta que es
glorificado en la verdad y sabe todas las cosas" 2. |
|
En esta era de luz en que se ha restaurado la plenitud del
Evangelio, ninguno de nosotros tiene porqué navegar por
mares desconocidos ni viajar por rutas sin señales en busca
de la fuente de la verdad, puesto que nuestro amoroso Padre
Celestial nos ha marcado el curso y proporcionado un mapa
infalible: ¡la obediencia!
Su palabra revelada describe vívidamente las bendiciones que
trae la obediencia, y el pesar y la desolación inevitables
que acompañan al viajero que se desvía hacia los
senderos del pecado y del error.
Samuel amonestó a una generación que estaba empapada
en la tradición de sacrificar animales, diciéndoles:
"Ciertamente el obedecer es mejor que los sacrificios, y el prestar
atención que la grosura de los carneros" 3.
Los profetas, tanto antiguos como modernos, han conocido la
fortaleza que se recibe por la obediencia. Recuerden a Nefi:
"Iré y haré lo que el Señor ha mandado" 4. O
la hermosa descripción que hizo Mormón de la
fortaleza que poseían los hijos de Mosíah:
"...se habían fortalecido en el conocimiento de la verdad;
porque eran hombres de sano entendimiento, y habían
escudriñado diligentemente las Escrituras para conocer la
palabra de Dios.
"Mas eso no es todo; se habían dedicado a mucha
oración y ayuno; por tanto, tenían el espíritu
de profecía y el espíritu de revelación, y
cuando enseñaban, lo hacían con poder y autoridad de
Dios" 5.
Guarden los mandamientos
El presidente David O. McKay (1873-1970), en uno de sus mensajes de
apertura para los miembros de la Iglesia durante una conferencia
general, nos dio una guía para nuestros tiempos de manera
muy sencilla pero muy potente: "Guarden los mandamientos de Dios"
6.
Ese fue el tema principal de las palabras del Salvador cuando dijo:
"Porque todos los que quieran recibir una bendición de mi
mano han de obedecer la ley que fue decretada para tal
bendición, así como sus condiciones, según
fueron instituidas desde antes de la fundación del mundo"
7.
|
Las propias acciones del Maestro dan crédito
a Sus palabras: Él demostró amor sincero por Dios
llevando una vida perfecta y honrando la misión sagrada que
tenía; nunca fue altivo; nunca se llenó de orgullo;
nunca fue desleal. Él fue siempre humilde, siempre sincero,
siempre verídico.
Aunque fue tentado por el maestro del engaño, el diablo;
aunque estaba físicamente debilitado por haber ayunado
cuarenta días y cuarenta noches y "tuvo hambre"; sin
embargo, cuando el maligno le hizo las propuestas más
atractivas y tentadoras, Él nos dejó un ejemplo
divino de obediencia al rehusar desviarse de lo que sabía
que era correcto 8.
Al enfrentar la angustia de Getsemaní, mientras soportaba un
dolor tal que su sudor era como grandes gotas de sangre que
caían a tierra, ejemplificó al Hijo obediente,
diciendo: "Padre, si quieres pasa de mí esta copa; pero no
se haga mi voluntad, sino la tuya" 9.
Jesús dijo a Pedro [y a su hermano] en Galilea: "Venid en
pos de mí". A Felipe lo invitó de igual forma:
"Sígueme". Y al publicano Leví, que estaba sentado en
el banco de los tributos, le llegó el mismo llamado:
"Sígueme".
Incluso al que fue en Su busca, el que tenía muchas
posesiones, le dijo las mismas palabras: "Ven, sígueme" 10.
Y esa misma voz, ese mismo Jesús, nos dice a nosotros:
"Sígueme".
¿Estamos dispuestos a obedecer? La obediencia es un
distintivo de los profetas, pero debemos darnos cuenta de que esa
fuente de fortaleza está actualmente a nuestra
disposición. |
 |
Un ejemplo moderno
Alguien que aprendió bien la lección de la
obediencia, que encontró la fuente de la verdad, fue un
hombre bondadoso y sincero, de circunstancias y medios modestos. Se
había convertido a la Iglesia en Europa y, con ahorro
diligente y con sacrificio, había inmigrado a
Norteamérica, una nueva tierra, con un idioma extraño
y costumbres diferentes, pero la misma Iglesia bajo el liderazgo
del mismo Señor en quien él confiaba y al que
obedecía. Lo llamaron como presidente de rama de un
pequeño rebaño de santos que enfrentaba dificultades
en una ciudad poco amistosa.
Aunque los miembros eran pocos y las tareas muchas, él
aplicó el programa de la Iglesia, dando además a los
miembros de la rama un ejemplo verdaderamente cristiano; y ellos le
respondieron con un amor raramente visto.
Se ganaba la vida como artesano; sus medios eran limitados, pero
siempre pagó un diezmo íntegro y donaba más
que eso; comenzó en su rama un fondo misional y había
épocas en que durante varios meses seguidos él era el
único contribuyente.
Cuando había misioneros en la ciudad, se encargaba de
alimentarlos y nunca salieron de su casa sin una buena
donación para su obra y para su bienestar personal. Los
miembros de la Iglesia provenientes de localidades distantes que
pasaban por la ciudad y visitaban la rama siempre disfrutaban de su
hospitalidad y de la calidez de su espíritu, y
seguían su viaje sabiendo
que habían conocido a un hombre singular, uno de los siervos
obedientes del Señor.
Los que lo presidían recibían de su parte un profundo
respeto y una atención especial. Él los consideraba
emisarios del Señor, atendía a sus comodidades
físicas y, al orar por ellos, lo cual era frecuente, se
ocupaba particularmente de pedir por su bienestar. Algunos
líderes que visitaron su rama un domingo participaron con
él en más de diez oraciones durante varias reuniones
y en visitas a los miembros; cuando partieron al finalizar el
día, lo hicieron con un sentimiento de júbilo y
de
elevación espiritual que los mantuvo en ese estado de gozo
durante cuatro horas de viaje en auto durante la época
invernal y que ahora, después de muchos años,
todavía les reconforta el espíritu y les alegra el
corazón al recordar aquel día.
Hombres educados y de experiencia buscaban a aquel humilde y
rústico hombre de Dios, y se contaban afortunados si
podían pasar una hora con él. Tenía un aspecto
sencillo, hablaba un inglés cortado y un tanto
difícil de entender, y tenía una casa modesta; no
poseía auto ni televisor.
No escribió ningún libro, no predicaba con discursos
refinados ni se destacaba en ninguna de las cosas a las que el
mundo generalmente presta atención. Sin embargo, los fieles
se apresuraban a llegar a su puerta. ¿Por qué?
Porque deseaban beber de su fuente de verdad; apreciaban no tanto
lo que él decía sino lo que hacía; no tanto el
contenido de los discursos que predicaba como la fortaleza de la
vida que llevaba.
El hecho de que un hombre pobre diera por lo menos el doble de la
décima parte al Señor, en forma constante y gozosa,
ofrecía una perspectiva más clara del verdadero
significado del diezmo. El verlo ministrar al hambriento y dar
refugio al extraño le hacía comprender a uno que
él daba lo mismo que hubiera dado al Maestro. La oportunidad
de orar con él y de ser partícipe de su confianza en
la intercesión divina era tomar parte en un medio nuevo de
comunicación.
Se podía muy bien decir que él guardaba el primero y
gran mandamiento y el segundo, que es semejante 11, que sus
entrañas estaban llenas de caridad hacia todos los hombres,
que la virtud engalanaba sus pensamientos incesantemente y, en
consecuencia, que su confianza se fortalecía en la presencia
de Dios 12.
Aquel hombre estaba rodeado del resplandor de la bondad y del
fulgor de la rectitud; su fortaleza provenía de la
obediencia.
Nosotros podemos tener la fortaleza que buscamos con tanto
afán, a fin de enfrentar las dificultades de un mundo
complejo y cambiante si, con entereza y resuelto valor, nos
erguimos y decimos junto con Josué: "...yo y mi casa
serviremos a Jehová" 13. |
|
| NOTAS |
1. John Jaques, "¿Qué es la verdad?", Himnos,
N° 184.
2. D. y C. 93:24, 26-28.
3. 1 Samuel 15:22.
4. 1 Nefi 3:7.
5. Alma 17:2-3.
6. David O. McKay, en "Conference Report", abril de 1957,
pág. 8;
o Improvement Era, junio de 1957, pág. 391.
7. D. y C. 132:5.
8. Véase Mateo 4:1-11.
9. Lucas 22:42.
10. Mateo 4:19; 9:9; Juan 1:43; véase también Mateo
19:16-22; Marcos
2:14; Lucas 18:18-22.
11. Véase Mateo 22:37-40.
12. Véase D. y C. 121:45.
13. Josué 24:15. |
|
|
|