Thomas S. Monson Presidente
Hace muchos años, el obispo Marvin O. Ashton (1883-1946),
que prestaba servicio como consejero del
Obispado Presidente, ofreció una ilustración que
quiero compartir con ustedes. Imaginen a un granjero conduciendo un
camión grande de caja abierta, lleno de remolacha azucarera
y en ruta hacia la fábrica de azucar. Al recorrer el camino
de tierra lleno de baches, algunas remolachas caen del
camión y van quedando sembradas a lo largo del recorrido.
Cuando el granjero se da cuenta de que ha perdido remolachas, les
dice a sus ayudantes: "Las que han caído contienen la misma
cantidad de azúcar que éstas. ¡Volvamos a
recogerlas!"
En la forma en que aplico esta ilustración, las
remolachas representan a los miembros de esta Iglesia de los cuales
somos responsables nosotros, los que somos llamados como
líderes; y las que cayeron del camión representan a
hombres y mujeres, a jóvenes y niños que, sea cual
sea la razón, se han desviado del sendero de la actividad.
Parafraseando los comentarios del granjero con respecto a las
remolachas azucareras, digo, refiriéndome a esas almas que
son preciosas para nuestro Padre y para nuestro Maestro:"Las que se
han deslizado por el camino tienen el mismo valor. ¡Volvamos
a buscarlas!"
Hoy, ahora mismo, algunas están enredadas en la corriente
de la opinión popular; otras se hallan quebrantadas por las
mareas de los tiempos turbulentos; y hay otras que han caído
y se han ahogado en el remolino del pecado.
Eso no tiene porqué ser así. Nosotros tenemos las
doctrinas de la verdad; tenemos los programas; tenemos la gente;
tenemos la potestad. Nuestra misión va más
allá de convocar a reuniones. El objeto de nuestro servicio
es salvar almas.
Nuestro servicio: salvar almas
El Señor hizo destacar el valor de todo hombre y de toda
mujer, joven o niño cuando dijo:
"...el valor de las almas es grande a la vista de Dios...
"Y si acontece que trabajáis todos vuestros días
proclamando el arrepentimiento a este pueblo y me traéis aun
cuando fuere una sola alma, ¡cuán grande será
vuestro gozo con ella en el reino de mi Padre!
"Y ahora, si vuestro gozo será grande con un alma que me
hayáis traído al reino de mi Padre,
¡cuán grande no será vuestro gozo si me
trajereis muchas almas!" (D. y C. 18:10, 15-16).
Recuerden que tienen el derecho a recibir las bendiciones de
nuestro Padre en esta obra. Él no los ha llamado a su
posición privilegiada para que anden solos, sin guía
y confiando en la suerte. Al contrario, Él conoce su
habilidad, se da cuenta de su devoción y convertirá
sus supuestas ineficiencias en obvias fortalezas. Él ha
prometido: "...iré delante de vuestra faz. Estaré a
vuestra diestra y a vuestra siniestra, y mi Espíritu
estará en
vuestro corazón, y mis ángeles alrededor de
vosotros, para sosteneros" (D. y C. 84:88).
Líderes de la Primaria, ¿conocen ustedes a los
niños a los que prestan servicio? Líderes de las
Mujeres Jóvenes, ¿conocen a sus jovencitas?
Líderes del Sacerdocio Aarónico, ¿conocen a
los jóvenes? Líderes de la Sociedad de Socorro y del
Sacerdocio de Melquisedec, ¿conocen a los hombres y a las
mujeres a los cuales se les ha llamado a presidir?
¿Entienden sus problemas e incertidumbres, sus anhelos, sus
ambiciones y esperanzas? ¿Saben cuán larga ha sido su
jornada, conocen las dificultades que han pasado, las cargas que
han llevado, los pesares que han tenido que soportar?
Los exhorto a esforzarse por tender una mano a aquellos a
quienes prestan servicio y a amarlos. Si realmente los aman, ellos
no se encontrarán en ningún momento en ese terrible
"País de Nunca Jamás": nunca ser objeto de
interés, nunca recibir la ayuda que necesitan. Tal
vez ustedes no tengan el privilegio de abrir los portales de
ciudades ni las puertas de palacios, pero al estrechar una mano y
al llegar al corazón de una persona recibirán
verdadera felicidad y gozo duradero.
Las lecciones que se graban en el
corazón
Si se desaniman en medio de sus esfuerzos, recuerden que a veces
el tiempo del Señor no coincide con el nuestro. Hace muchos
años, cuando era obispo, Jessie Cox, una de las
líderes de las Mujeres Jóvenes,
fue a hablar conmigo, y me dijo: "Obispo, ¡soy un
fracaso!" Al preguntarle por qué pensaba eso, me
respondió: "No he logrado que ninguna de mis jóvenes
de la Mutual se case en el templo, como una buena maestra
lo hubiera hecho. He hecho todo lo posible, pero es obvio que lo
que era posible para mí no era suficiente".
Traté de consolarla diciéndole que, por ser su
obispo, sabía que ella había hecho todo lo que
podía. Y al seguir el progreso de aquellas jóvenes a
través de los años, me enteré de que cada una
de ellas se había sellado finalmente en el templo. Si la
lección se graba en el corazón, no se pierde.
Al observar a siervos fieles como Jessie Cox, he aprendido que
todo líder puede ser un verdadero pastor y prestar servicio
bajo la dirección de nuestro grandioso y Buen Pastor, con el
privilegio de guiar, amar y cuidar a los que lo conocen y aman Su
voz (véase Juan 10:2-4).
Busquemos a las ovejas perdidas
Quiero contarles otra experiencia que tuve cuando era obispo. Un
domingo noté que Richard, uno de nuestros presbíteros
que raras veces asistía, estaba de nuevo ausente en la
reunión del sacerdocio; entonces dejé el
quórum al cuidado del asesor y me fui a la casa de Richard;
su madre me dijo que estaba trabajando
en un taller mecánico de la localidad. Fui a buscarlo al
taller y lo busqué por todas partes sin encontrarlo. De
pronto, sentí la inspiración de ir a mirar en un
viejo pozo de engrase que había junto al edificio. En la
oscuridad del pozo vi dos ojos brillantes, y le oí decir:
"¡Me encontró, obispo! Ya subo". Mientras
conversábamos, le dije cuánto lo echábamos de
menos y lo necesitábamos, y logré hacerle prometer
que asistiría a las reuniones.
Su nivel de actividad mejoró notablemente. Con el tiempo,
él y su familia se fueron del vecindario, pero dos
años después recibí la invitación para
hablar en su barrio antes de que saliera a cumplir una
misión. En sus comentarios de aquel día, Richard dijo
que el momento crucial de su cambio había sido cuando su
obispo lo había encontrado escondido en un pozo de engrase y
le había ayudado a regresar a la actividad.
Mis queridos hermanos y hermanas, tenemos la responsabilidad,
sí, el deber solemne, de influir en todos aquellos a quienes
se nos ha llamado a tender una mano de ayuda. Tenemos el deber de
guiarlos hasta el reino celestial de Dios. Ruego que recordemos
siempre que el manto de liderazgo no es el manto de la comodidad,
sino más bien la vestidura de la responsabilidad; que nos
esforcemos para rescatar a los que necesiten nuestra ayuda y
nuestro amor.
Si tenemos éxito, si logramos traer a una mujer o a un
hombre, a una niña o a un niño para que vuelvan a
ser
activos, estaremos respondiendo a la ferviente oración de
una esposa, una hermana o una madre, contribuyendo a satisfacer el
mayor anhelo de un esposo, un hermano o un padre. Estaremos
honrando la guía de un Padre amoroso y siguiendo el ejemplo
de un Hijo obediente (véase Juan 12:26; D. y C. 59:5). Y
aquellos en quienes influyamos honrarán nuestro nombre para
siempre.
Con todo mi corazón, ruego que nuestro Padre Celestial
nos guíe continuamente mientras nos esforzamos por
prestar servicio a Sus hijos y salvarlos. ◼
I d e a
s p a r a l o s m a e s t r o s o r i enta d o r
e s
Una vez que estudie este mensaje con ayuda de
la oración, preséntelo empleando un método que
fomente la participación
de las personas a las que enseñe. A continuación,
se citan algunos ejemplos:
1. Si la familia tiene niños pequeños, lean la
sección "Busquemos a las ovejas perdidas". Diga a los
niños que describan el aspecto que habrá tenido
Richard cuando estaba en el pozo de engrase. Luego,
pregúnteles qué aspecto tendría como
misionero. A continuación, pregunte a la familia:
"¿Por qué fue importante que el obispo fuera a buscar
a Richard?" Para terminar, lean Doctrina y Convenios 18:10,
15-16.
2. Al comenzar la lección, deje caer al suelo unas
monedas y pregunte: "¿Sería de importancia que
recogiera esas monedas?
¿Por qué?" Mientras las recoja, explique que las
personas tienen un valor infinitamente más grande que las
monedas. Relate el ejemplo de las remolachas azucareras y pregunte
qué podemos hacer para "tomar a alguien de la mano y llegar
al corazón" de una persona a fin de hacerla regresar a la
actividad en la Iglesia.
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