Thomas S. Monson Presidente de la Iglesia de Jesucristo de los Santos de los Ultimos Dias
Mis amados hermanos y hermanas, los
saludo esta mañana con amor en mi corazón por el
evangelio de Jesucristo y por cada uno de ustedes. Estoy agradecido
por el privilegio de estar ante ustedes y ruego poder comunicarles
eficazmente lo que he tenido la impresión de decir.
Hace algunos años, leí un
artículo escrito por el doctor Jack McConnell. Él se
crió en las colinas del suroeste del estado de Virginia, en
los Estados Unidos. Era uno de los siete hijos de un ministro
metodista y una madre que se quedaba en casa para atenderlos.
Vivían en circunstancias muy
humildes. Él relató que durante su niñez,
todos los días, cuando la familia se sentaba a cenar, su
padre les preguntaba uno por uno: "¿Y qué hiciste hoy
por alguien?"1. Los niños habían decidido que todos
los días harían algo bueno a fin de informar a su
padre que habían ayudado a alguien.
El doctor McConnell se refiere a ello
como el legado más valioso de su padre, ya que esa
expectativa y esas palabras los inspiraron a él y a
sus hermanos a ayudar a los demás a lo largo de su vida. Al
crecer y madurar, la motivación para prestar servicio se
transformó en un deseo interno de ayudar a los demás.
Además de la distinguida carrera médica del doctor
McConnell, en la que dirigió el desarrollo de la prueba
tuberculínica de punción múltiple,
participó en las primeras etapas del desarrollo de la vacuna
contra la polio, supervisó el desarrollo del Tylenol y fue
clave en el desarrollo del procedimiento de imágenes de
resonancia magnética; creó una organización
llamada Voluntarios en Medicina para que médicos jubilados
tengan la oportunidad de ofrecer sus servicios en clínicas
gratuitas que atienden a personas sin seguro médico. El
doctor McConnell comentó que, desde que se jubiló, su
tiempo libre se ha transformado en semanas de sesenta horas de
trabajo sin paga, pero que su vitalidad ha aumentado y que goza de
una satisfacción en la vida que antes no tenía.
Él mismo comentó: "En una de esas paradojas de la
vida, yo me he beneficiado más de Voluntarios en Medicina
que mis pacientes2".
Actualmente hay más de setenta
de estas clínicas en los Estados Unidos. Naturalmente, no
todos podemos ser un doctor McConnell, fundando clínicas
para ayudar a los pobres. Sin embargo, siempre habrá
personas con necesidades, y cada uno de nosotros puede hacer algo
para ayudar a alguien. El apóstol Pablo amonestó:
"...servíos por amor los unos a los otros"3. Recuerden
conmigo las conocidas palabras del rey Benjamín en el Libro
de Mormón: "...cuando os halláis al servicio de
vuestros semejantes, sólo estáis al servicio de
vuestro Dios"4.
El Salvador enseñó a Sus
discípulos: "Porque todo el que quiera salvar su vida, la
perderá; y todo el que pierda su vida por causa de
mí, éste la salvará"5. Creo que el Salvador
nos está diciendo que a menos que nos perdamos en dar
servicio a los demás, nuestra propia vida tiene poco
propósito.
Aquellos que viven únicamente
para sí mismos al final se marchitan y, en sentido figurado,
pierden la vida, mientras que aquellos que se pierden a sí
mismos en prestar servicio a los demás progresan y
florecen... y en efecto salvan su vida.
En la conferencia general de octubre de
1963, en la que fui sostenido como miembro del Quórum de los
Doce Apóstoles, el presidente David O. McKay dijo lo
siguiente: "La felicidad más grande del hombre proviene del
perderse a sí mismo para beneficio de los
demás"6.
Muchas veces convivimos juntos, pero no
nos comunicamos de corazón a corazón. Hay personas
dentro del ámbito de nuestra influencia que, con manos
extendidas, exclaman: "¿No hay bálsamo en Galaad?"7.
Estoy seguro de que la intención de todo
miembro de la Iglesia es prestar servicio y ayudar a los
necesitados. Al bautizarnos hicimos el convenio de "llevar las
cargas los unos de los otros para que sean ligeras" 8.
¿Cuántas veces se han sentido conmovidos al ver las
necesidades de otras personas? ¿Cuántas veces han
tenido la intención de ser la persona que ofrece
ayuda? Sin embargo, cuántas veces se ha interpuesto el
diario vivir, y han dejado que la ayuda la den otros, pensando que
"seguramente alguien se encargará de esa necesidad".
Nos encontramos tan ocupados en la vida
cotidiana; no obstante, si diésemos un paso atrás y
mirásemos bien lo que estamos haciendo, quizás nos
daríamos cuenta de que nos hallamos sumidos en cosas que
carecen de importancia. En otras palabras, muchas veces pasamos
casi todo el tiempo atareados con cosas que en el gran plan de la
vida no tienen demasiada relevancia, y descuidamos lo que es
más importante. Hace muchos años oí un poema
que nunca se me ha olvidado y por el cual he tratado de guiar mi
vida; es uno de mis favoritos: Muchas veces he llorado, por la
falta de visión, que frente a la necesidad de otros me
cegó; pero jamás mi alma ha sentido un dejo de
tristeza porque dentro de mi pecho exista un gran
corazón9.
Mis hermanos y hermanas, estamos
rodeados de personas que necesitan nuestra atención, nuestro
estímulo, apoyo, consuelo y bondad, ya sean familiares,
amigos, conocidos o extraños. Nosotros somos las manos del
Señor aquí sobre la tierra, con el mandato de prestar
servicio y edificar a Sus hijos. Él depende de cada uno de
nosotros.
Tal vez se lamenten y digan: El
día se me hace corto con tanto que tengo que hacer;
¿cómo puedo prestar servicio a los demás?
¿Qué puedo hacer? Hace poco más de un
año, el periódico Church News me
entrevistó antes de mi cumpleaños; al finalizar
la entrevista, el reportero preguntó lo que yo
consideraría el regalo ideal que los miembros pudieran
obsequiarme. Le contesté: "Encuentren a alguien que
esté pasando tiempos difíciles, o que esté
enfermo, o solo, y hagan algo por esa persona"10. Me asombré
mucho cuando este año, para mi cumpleaños,
recibí cientos de tarjetas y cartas de miembros de la
Iglesia de todo el mundo en las que me decían cómo
habían hecho realidad aquel deseo de cumpleaños.
Los actos de servicio fueron diversos,
desde preparar suministros humanitarios, hasta hacer tareas de
jardinería. Un grupo numeroso de Primarias invitaron a los
niños a prestar servicio, y después esos actos de
servicio se registraron y me los enviaron; debo agregar que la
manera en que lo hicieron fue muy original. Muchos llegaron en
forma de páginas unidas en diversos estilos y tamaños
de libros; algunos tenían tarjetas o láminas que los
niños habían coloreado. Una Primaria muy original
envió un frasco grande en el que había cientos de
bolitas de felpa, que representaban los actos de servicio que los
niños de la Primaria habían llevado a cabo durante el
año. Me imagino la felicidad que sintieron esos niños
al hablar de su servicio y poner su bolita en el frasco.
Comparto con ustedes algunas de las
muchas notas que acompañaban los regalos que recibí.
Un niño escribió: "A mi abuelo le dio una embolia, y
yo le sostuve la mano". Una niña de ocho años de edad
dijo: "Mi hermana y yo dimos servicio a mi mamá y a la
familia al organizar y limpiar el armario de los juguetes. Nos
tomó varias horas, pero nos divertimos; lo mejor fue que le
dimos la sorpresa a mamá y se sintió muy feliz porque
ella ni siquiera nos pidió que lo hiciéramos".
Una niña de once años
escribió: "Había una familia en el barrio que no
tenía mucho dinero y que tiene tres niñitas. Los
papás tenían que salir, así que yo me
ofrecí para cuidar a las niñas. El papá me iba
a dar un billete de cinco dólares y le dije que no
podía aceptarlo, que mi servicio era cuidar a las
niñas gratis". Un niño de Mongolia dijo que
había acarreado agua desde la noria para que su madre no
tuviera que hacerlo. Dijo un niño de cuatro años, sin
duda escrito por su maestra de la Primaria: "Mi papá se fue
por unas semanas para adiestrarse en el ejército. Mi trabajo
especial es darle besos y abrazos a mamá". Una niña
de nueve años escribió: "Recogí fresas para mi
bisabuela, y me sentí muy feliz". Otro dijo: "Jugué
con un niño que no tiene amigos".
De un niño de once años:
"Fui a la casa de una señora y le hice preguntas y le
canté una canción. Me dio gusto visitarla; ella
estaba feliz porque nadie la visita". Esta nota particular me
recordó las palabras que hace mucho escribió el
élder Richard L. Evans, del Quórum de los Doce;
él dijo: "Es difícil para los que son jóvenes
entender la soledad que se siente cuando la vida cambia de una
época en la que te preparas para vivir y trabajar, a otra
enla que aminoras tu participación en la vida... Ser por
tanto tiempo el centro de un hogar, ser una persona a la que
siempre se recurría, y entonces, casi de repente,
encontrarte como un espectador, ver la vida pasar frente a ti...
eso es vivir en la soledad... Se tiene que vivir mucho tiempo para
apreciar lo vacía que está una habitación que
sólo está llena de muebles; se necesita a alguien...
que no sea personal asalariado o que no tenga deberes profesionales
en un hogar de ancianos, para que avive los recuerdos del pasado y
los mantenga vibrantes en el presente... No podemos devolverles las
horas matinales de la juventud, pero podemos ayudarlos a vivir en
el cálido brillo de un atardecer que se embellece más
con nuestra bondad... y amor sincero"11.
Mis tarjetas y cartitas de
cumpleaños también provenían de adolescentes
en las clases de Hombres Jóvenes y Mujeres Jóvenes
que confeccionaron frazadas para hospitales, sirvieron alimentos en
cocinas públicas, se bautizaron por los muertos y llevaron a
cabo muchos otros actos de servicio.
Las Sociedades de Socorro, siempre
dispuestas a ayudar, sirvieron más de lo acostumbrado; lo
mismo hicieron los grupos del sacerdocio.
Mis hermanos y hermanas, raras veces me
he sentido tan conmovido y agradecido como cuando mi esposa y yo
pasamos, literalmente, horas leyendo acerca de esos obsequios.
Tengo el corazón rebosante al hablar de la experiencia y
contemplar las vidas que fueron bendecidas, tanto de los que dieron
como de los que recibieron.
Acuden a mi mente las palabras del
capítulo veinticinco de Mateo: "Venid, benditos de mi Padre,
heredad el reino preparado para vosotros desde la fundación
del mundo.
"Porque tuve hambre, y me disteis de
comer; tuve sed, y me disteis de beber; fui forastero, y me
recogisteis; "estuve desnudo, y me cubristeis; enfermo, y me
visitasteis; estuve en la cárcel, y vinisteis a mí.
"Entonces los justos le responderán, diciendo: Señor,
¿cuándo te vimos hambriento y te sustentamos?,
¿o sediento y te dimos de beber? "¿Y cuándo te
vimos forastero y te recogimos?, ¿o desnudo y te
cubrimos?
"¿O cuándo te vimos
enfermo o en la cárcel, y fuimos a verte? "Y respondiendo el
Rey, les dirá: De cierto os digo que en cuanto lo hicisteis
a uno de éstos, mis hermanos más pequeños, a
mí lo hicisteis"12. Mis hermanos y hermanas,
hagámonos la misma pregunta que oían el doctor Jack
McConnell y sus hermanos todas las tardes a la hora de cenar:
"¿Qué he hecho hoy por alguien?".
Ruego que las palabras de un conocido
himno penetren nuestra alma y encuentren refugio en nuestro
corazón: ¿En el mundo acaso he hecho hoy a alguno
favor o bien? ¿Le he hecho sentir que es bueno vivir?
¿He dado a él sostén? ¿He hecho ligera
la carga de él porque un alivio le di? ¿O acaso al
pobre logré ayudar? ¿Mis bienes con él
compartí?13.
Ese servicio al que todos hemos sido
llamados es el servicio del Señor Jesucristo. Al reclutarnos
en Su causa, Él nos invita a acercarnos a Él, y nos
dice, a ustedes y a mí:
"Venid a mí todos los que
estáis trabajados y cargados, y yo os haré descansar.
"Llevad mi yugo sobre vosotros y aprended de mí, que soy
manso y humilde de corazón, y hallaréis descanso para
vuestras almas. "Porque mi yugo es fácil y ligera mi
carga"14. Si nos esforzamos por escuchar, oiremos a la distancia la
voz que nos dice, tal como le dijo a otro: "Bien, buen siervo y
fiel"15. Ruego que todos seamos acreedores de esta bendición
de nuestro Señor, es mi oración, en Su nombre,
sí, Jesucristo nuestro Salvador. Amén. ■
NOTAS
1. Jack McConnell, "And What Did You Do
for Someone Today?", Newsweek, 18 de junio de 2001,
pág. 13.
2. Jack McConnell, "And What Did you Do
for Someone Today?", pág. 13.
3. Gálatas 5:13.
4. Mosíah 2:17.
5. Lucas 9:24.
6. David O. McKay, en Conference
Report, octubre de 1963, pág. 8.
7. Jeremías 8:22.
8. Mosíah 18:8.
9. Anónimo, citado por Richard
L. Evans en "The Quality of Kindness", Improvementmayo de
1960, pág. 340. Era,
10. Véase Gerry Avant,
"Prophet's Birthday", Church News, 23 de agosto de 2008,
pág. 4.
11. Richard L. Evans, "Living into
Loneliness", Improvement Era, julio de 1948, pág.
445.
12. Mateo 25:34-40.
13. "¿En el mundo he hecho
bien?", Himnos, núm. 141.
14. Mateo 11:28-30.
15. Mateo 25:21
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