Presidente Dieter F. Uchtdorf Segundo Consejero de la Primera Presidencia
Mientras buscaban una nueva casa, un joven matrimonio Santo de
los Últimos Días habló con posibles vecinos
acerca del vecindario y de las escuelas del lugar.
Una mujer con la que hablaron comentó lo siguiente sobre
la escuela a la que asistían sus hijos: "¡Es un lugar
increíble! El director es un hombre bueno y maravilloso; los
maestros son competentes, amables y amigables. Estoy muy contenta
de que nuestros hijos puedan asistir a esa excelente escuela.
¡Les va a encantar aquí!".
Otra mujer dijo acerca de la escuela de sus hijos: "Es un lugar
horrible; el director sólo piensa en sí mismo; los
maestros no son buenos, son groseros y antipáticos. Si
estuviera en condiciones económicas para irme de este lugar,
¡lo haría en un instante!".
Lo interesante era que ambas mujeres estaban refiriéndose
al mismo director, a los mismos maestros y a la misma escuela.
¿Se han dado cuenta de que la gente por lo general
encuentra lo que busca? Si se fijan con atención,
descubrirán tanto lo bueno como lo malo en casi todas las
personas y las cosas. Las personas han hecho lo mismo con La
Iglesia de Jesucristo de los Santos de los Últimos
Días desde sus inicios. Aquellos que busquen lo bueno
encontrarán una gente amable y caritativa, una gente que ama
al Señor y que desea servirlo y bendecir a su
prójimo; pero también es cierto que aquellos que
busquen lo malo con seguridad encontrarán cosas que no son
tan ideales.
Lamentablemente, esto a veces sucede incluso dentro de la
Iglesia. No hay fin a la creatividad, a la inventiva y a la
tenacidad de aquellos que buscan razones para criticar; ellos no
logran dejar a un lado las rencillas; chismorrean y buscan defectos
en los demás; abrigan rencores por décadas,
aprovechando cada oportunidad para hundir y degradar a los
demás. Eso no es agradable ante el Señor, "porque
donde hay envidia y contención, allí hay
confusión y toda obra perversa" (Santiago
3:16).
El presidente George Q. Cannon (1827-1901) conocía bien
al presidente Brigham Young (1801-1877), y trabajó
estrechamente con él durante muchos años, tanto como
miembro del Quórum de los Doce Apóstoles, así
como su consejero en la Primera Presidencia. Después de la
muerte del presidente Young, el presidente Cannon escribió
en su diario: "Nunca critiqué a [Brigham Young] ni
encontré defectos en su conducta, su consejo ni sus
enseñanzas en ningún momento dentro de mi
corazón, mucho menos en mis palabras o acciones. Eso ahora
me complace. Siempre pensé lo siguiente: Si critico o le
encuentro defectos, o si juzgo al hermano Brigham, ¿hasta
dónde llegaré?; si comienzo, ¿dónde
pararé? No me atrevía a confiar en mí mismo en
esa manera de proceder. Sabía que con frecuencia la
apostasía era el resultado de ceder al espíritu de la
crítica y de la censura. Otros, con más fuerza,
sabiduría y experiencia que yo, quizás podrían
hacer muchas cosas y escapar las malvadas consecuencias, pero yo no
me atrevía a hacerlo" 1
.
El poderoso consejo del presidente Cannon es algo que nosotros,
los miembros de la Iglesia, debemos considerar detenidamente. La
palabra de Dios amonesta a los seguidores de Cristo a que sean de
condición "pura... pacífica, bondadosa, benigna,
llena de misericordia y de buenos frutos, no juzgadora ni fingida".
Para aquellos que hacen la paz, "el fruto de justicia se siembra en
paz" (Santiago 3:17,
18).
Podemos elegir: podemos buscar lo malo en los demás, o
podemos hacer la paz y esforzarnos por extender a los demás
la comprensión, la justicia y el perdón que tan
desesperadamente deseamos para nosotros. Es nuestra
elección; porque lo que sea que busquemos, eso es lo que
ciertamente encontraremos.
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